Mientras la artificial ciudad se ha iluminado con artificiales luces , mientras ninguna maldita estrella asoma por la acción de destellos amarillescos, mientras el ruido pululento de las maquinas, el metal rodante, los rostros ausentes de alma y de destino y los sonidos simples y vacios de la vida de los más, mientras...
Mientras el camino de piedras punzantes y cortantes hacen gruñir a mi, aquel Lobo Estepario, de colmillos filosos, de la ira, la guerra, la no-paz, de los ojos en los que no, no y no han de salir lagrimas ante el dolor, físico, mental, de alma lastimada y arrastrada.
De fragmentos de un hombre que nunca ha sido, que nunca ha amado y nunca lo hará mas que a su destino solitario de antisocial ingeniero, de altruista medico, de canino nacer y estepario morir, de pie, sobre sus cuatro patas traginadas.
Del camino largo, de paisajes lejanos a lado y lado, de dientes blancos manchados de sangre de ovejas y pobres perros domesticados que de mordiscos mortales caen en sus fauces, tal vez buscando la santa muerte a manos de un ser que hizo de su propia muerte su vida, claro!...
Claro!, yo, el de la heterocrómia , de un ojo azul y otro gris, porque a qué otro animal que camina gruñendo a rocas inertes, de la redundancia misma de patas sangrantes y de cicatrices profundas, que no sanan y aunque no hallan de pulular pues son eso, cicatrices, visibles, marcas de caracter, de lomo y aplomo, de uñas astilladas, ese ha de lanzarse a los vacios mientras de blancas alas, plumas minúsculas se desprenden, y como nó, pues solo se aprende a volar de dicha forma y tal vez tantos manuales de vuelo sean un lapso de patrañas sobre una materia de seres que solo han de aprender con la lucha y la muerte.
Se ha de romper el ala, ¿derecha?, si, ¿izquierda?, también, y solo al estar curados los huesos se han de levantar vuelos a mayores alturas, pues de huesos fuertes más alto el horizonte a mirar, más profundo el abismo al que caer, estrellarse y levantarse convaleciente a arremeter y escalar en el aire, de nuevo, en busqueda de esa Armanda.
¿Cuál Armanda?, acaso, ¿yo era tan estupido?, y cachorro para no darme cuenta que no existe nadie en este mundo con ese nombre!: ¿qué esperaba?, la inmortalidad no está en boca de otros para ese anacoreta sin hogar que soy yo, idiota que soy, me acabo de dar de cuenta de semejante verdad a gritos. Armanda, fué, es y será esas piedras que me hieren, esas moscas venenosas que intenta abrir de nuevo las ya cerradas cicatrices, aquel horizonte de turno, más alto que el anterior surcado, aquellos huesos que se recomponen de sus pedazos adquiriendo más dureza, aquella bomba en mi pecho que bombea a los pulmones sangre sucia y de ahí sangre oxigenada a las arterias, oxigenada y caliente, todo eso y más que se me olvida en este momento, pues, habré de conocerlo, eso es mi Armanda.
¿Tengo que repetirlo acaso?, ¿Armanda?, ¿Cuál?, ¿una mujer?, ¿otro Lobo estepario?, NO, nunca, Armanda no es un ¿quién?, es un QUIERO, puedo, cargo, me deshace en parte y me ha de rehacer, y ese es mi ojo Gris cerrando al azul, y volviendolo a abrir, y el hocico del cual sale el aliento frío, helado de quemar al tocar, de la cercanía al cero absoluto, el destructor de mundos, el menos, el de las 100 hoces afiladas, el Creador.
Tuesday, August 23, 2011
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