Silencio, música y la ciudad no me dice nada por mis oídos, puesto que o que percibo aparte de la sensación táctil de movimiento y visual de las luces artificiales, cielo nublado, sin estrellas a la vista, como el horizonte como tal donde no hay Luna que se vea, y eso, es lo que ocurre ahora a ese Jorge Urueña Cuellar, uno de los pocos lobos esteparios de esta hostil llanura, tan básico, animal, instintivo, primitivo como sus predecesores y tan sabio, triste, humano, patético como sus sucesores.
Tal vez ocurra que a mezcla de almas, la de lobo sea más vieja que la del hombre que habitan el cuerpo, en una amalgama inseparable tras una vida de falta de si, castigo, mal karma (inexistente), sin oxígeno que respirar, calor que queme, frío del cual resguardarse,una maldita pasividad, un ejercicio metódico de aprendizaje de Abraxas y de decepción del lobo...
Lo suficientemente valiente para no tomar la salida cobarde, pero lo suficientemente cobarde para no levantarse, tomar la propia vida entre sus manos y de frente al mundo gritar aquello que tanto se necesita: la necesidad y la obligación tras lo que ha pasado y el estado del arte actual para poder RENDIRSE.
Y ante tal descripción de los hechos se arremete la escritura, ahora mentalmente llega la "clavicula nox" , la melodía cambiante en el tiempo de música contemporánea con elementos del pasado y con miras a un futuro que no responde a los requerimientos iniciales del presente, la epítome de la abstracción y la oda a la realidad brillante de luz tenue y de vista gris a cualquier hora del día puesto a que ojos del sol naciente, reinante, poniente y ausente el color blanco de la nada y el color negro de todo se han unido en una danza de instrumentos y voces que siguen un alterado ritmo y usan partituras con matices del eterno retorno.
¿Cómo esto llegó a ser posible?
Para ponerse a hablar cual científico de condiciones ideales, la contradicción tal de una definición de la situación que nunca ha de asemejarse a la realidad presta a la afectación del descuido y desinterés de los dioses a los que los más, la plebe estúpida e ignorante rezan para que actúen tan así, tan revueltos en el barro cuales cerdos ávidos de la labaza lanzada al plato para ser devorada, toca hacerlo, dado que es eso o la inminente e inmediata y agónica muerte.
Es de palurdos afirmar cosas como un mundo de colores, y quizá, o sí definitivamente tengo que darles la razón: colores de una nueva era, pero ello no es signo de mejora ni de bienestar, esa pueril y conformista comodidad burguesa, solo es camino a la nada, a la iluminación, el único y verdadero camino a seguir.
Tuesday, May 22, 2012
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