De puño y letra, y como así ha de cargar aquella escritura cargada de lo usual, cotidiando, y ahora, con otros disfraces, del disfraz de la compañía, de la amistad (y el sentimiento es así, verdadero) más el desasosiego, tan palpable, tan real, tan puro y tan lleno de sí mismo se convierte en esa atmósfera interior, en esa moneda de cambio de lo exterior, ese mundo de los ojos y el resto de sentidos para con la mente, como la soledad misma que es esta carne, estos huesos, esta alma de lobo estepário que aúlla a una Luna visible mas inalcanzable, y he ahí, donde hasta las teorías de conspiración afirman que el hombre en realidad no ha llegado, ni siquiera en naves espaciales llenas de metal y plástico a su fría, luminosa, reflectante y vasta inmensidad.
Sueños de lobo, muerte y delirio del hombre, aquel cielo gris cubriendo el horizonte, aquellas nubes clavadas, casi inmóviles en un cielo de tarde y noche, sin estrellas a la vista, con frío y un constante y sonoro viento desgastando la ya desgastada y oscura piel, poco a poco poniendose de matices y pequeñas pintas blancas, de un alma vieja, sucesos de hielo y aire poco denso que congela los pulmones llenos de smog y otros productos de desecho de la combustión, al ser tragado por ese instinto de supervivencia, que no nos deja ahogarnos conscientemente y en cambio, repitiendo lo dicho, recibe el humo de máquinas imperfectas, contaminantes, del carbono residual de la combustión incompleta y del vapor de agua del intercambio gaseoso del animal-humano que habita, vive y muere en la urbe.
La tensión venenosa de aquella sangre carboxidada con esos ápices e inclusiones de las inertes cenizas, ya mencionadas, ya inútiles, producto de la mal llamada civilización de retazos y madrazos, de altos cretinos y pequeños gigantes y ojos casi catatónicos por el silencio de la violenta realidad imperante ( por que así ha de ser) de la ciudad.
Ojos bien cerrados, oídos bien sordos, con la música aquella con la que los hombres recorren aquel panteón hacia el infierno siguiente de la eternidad, tras su cuerpo de alguna u otra manera fallar, el aire (aquella mezcla de gases y partículas suspendidas) entra suave y cálido, el destino ha sido alcanzado y la nueva espera sin sentido es,aunque corta, rodeado de frente y por los lados de aquellos seres que respiran de la pobreza mental, así tan acostumbrada esta piel está al frío sereno, frío suelo, que, ni siquiera su epidermis, su sistema tegumentario tendrá esa reacción normal de la piloerección, ya, tal cual dichos senderos han sido pisados y andados, cientos, miles de veces, cuando los pies del hombre, las patas del lobo, se han tornado de duro empeine, dura planta, separados de la tierra sobre la que están.
He llegado a destino, y aquel papel solo para mis ojos, la escritura digital, solo para mis ojos...
Sunday, February 26, 2012
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