Thursday, November 03, 2011

We all wanna go home...

Hoy, tras unos meses después de lo último que escribí lo hago, no se si sea petición o como dije, para escribir debes necesitar hacerlo, necesitar decir algo, plasmar sentimientos, pensamientos, i-racionalidad, silencios, ruido, dejar un pedazo de tu mente y alma dentro de un papel o como es este medio: digital, solo accesible a ojos prestos a leer con detenimiento...

Días,de altibajos, de conocer lo extraño, lo más humano y lo más animal del lobo estepario mismo, de caminos de frío suelo, con barro en las comisuras de los dedos, con aliento cansado y de crin mojada por la lluvia que cesa solo a ratos...

De un aullido tosco y ronco, escuchado en las lejanías y las cercanías del calor humano, guardado como recurso audiovisual en la mente de los que no olvidan nunca lo que se ha vivido, por que, después de todo, puede que todo se convierta en una marejada de recuerdos y deseos de tiempos aquellos donde aquel lobo fue mas lobo que nunca, donde gruñó, mordió y mostró sus dientes provocando miedo y siendo invitado al festín de la vida, a aquel teatro que una vez entró el Harry Haller del libro...

Teatro solo para locos!,Teatro Mágico, entrada no para cualquiera, versaba el aviso escondido, luminoso en aquel muro, en aquel puerta, y el juego de los inmortales empezó, el destino de un caminante, de otro caminante y los caminos que se cruzan en la tan mencionada por mi urbe suramericana, ambivalente, caliente y fría, de clima caótico...

Y su entrada, con todas sus puertas, aunque la guía incierta ha hecho más interesante el recorrido, con tantos aires, así, viento y fuego, combinación perfecta, soplo y llama, huracán vivo que consume tanto, tanto oxígeno que ha de asfixiar lenta y placenteramente el sistema respiratorio tan ansioso por tomar aire...

O no?, incierto también aquello es, pues quien quita un suministro ilimitado de aire citadino, si, ciudadano del mundo, baste y sobre para alimentar aquel fuego intenso de temperatura solar, encendida de incandescente luz de violento aliento...

El silencio, de nuevo, y siendo de día, donde el lobo aguarda la noche donde salir a correr con rumbo de aullarle a la flor de Luna, a su Armanda se convierte en una paciente espera, en un deseo infinito y divino, de volar y de alcanzarla, de levantarse a un nuevo día sin más ganas que de morir un mundo para crear otro, como el ave que rompe su cascarón y extiende sus alas cayendo desde lo alto del nido al precipicio y antes de tocar el suelo levantarse sobre el mismo y cási tocando y rayando los límites de la oscuridad emprender el camino a esa primero ténue y luego enceguecedora luz, con alas fuertes, sin parafina, etéreas para no ser quemado por la luz de la Luna.

Cierro los ojos, durmiendo a traspiés, imaginando, soñando, ilusionandome, desilusionandome, untandome de realidad y huyendo de ella a ratos, meditando mientras el ruido de los más contamina el ya viciado humo de Bogotá, mirando hacia arriba y hacia el frente, caminando, siempre, caminando, conociendo el amor...

Y es por eso que cantamos, todos queremos ir a casa.

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