Ponerle título, difícil, dejarlo sin fin imposible, sobre todo cuando era más que necesario sangrar un poco en letras como cuando lo solía hacer así tan constantemente.
Un día que empezó con sueño y malgenio, bueno, ambos acumulación de pequeños y grandes fracasos traducción de unas últimas semanas pésimas con no más que ápices de buenos momentos dados por una sola persona, amistad y sincero cariño, el único amor que conozco, y como un demonio que se ama a sí mismo, solo mi verdadera familia, mis verdaderos amigos me mantienen con motivos para no perecer en un intento satisfactorio de suicidio.
Silencio, y no aquel de la espera, sino el de las estoica resignación y las palabras sin base que no salen ante la situación de la no creencia, cuando no hay ruido mas sí música alrededor tal cual como las últimas canciones, el encanto de la tierra donde este embellece a todos menos a mi, y vaya uno, miserable lobo a saber si la inteligencia, el talento y la sabiduría sirviesen de algo más que la escritura misma, el comportamiento aprendido, el apreciar de las melodías de la realidad y las alegrías por las creencias de un ser divino con evidencia de existencia para otros pero no para mí, y así, no creo en seres superiores, solo en el propio ser humano como potencial evolutivo, poco aprovechado, pequeño matiz de un imperio decadente del norte, sonetos de la memoria de tiempos no mejores, signos del final de una era.
Goliaths que desarman a sus Davids , las llamas de la decadencia ya mencionada, la noche triunfante y con ella una oscuridad pulsante, motivos para desistir de los asuntos en los que una mente ocupada obedecía a pensamientos de imposibles, la bienvenida y el convertimiento en la constante misfortuna, la maldición del eterno retorno.
Desaparición, mortalidad de sentimientos y sensaciones del vacío y entonces, los fragmentos de un ser humano incompleto son entregados a las fauces de un fuego que, a punto de extinguirse necesitaba combustible para sobrevivir a la moribunda consecuencia de la inacción, las nubes cubriendo un horizonte que alguna vez cruzado no tiene nada que mostrar en realidad.
El escape a un libre albedrío con mas preguntas que respuestas posibles, la epítome de la decepción crónica en un mundo experto en conhortar expectativas y vetar de por vida ciertos acontecimientos, para así repetir una y otra vez ciertos errores que se pagan con alta moneda y secuelas en un alma de por sí rota en medio de un combate con probabilidades nulas de ganar, incluso de terminarse sin una más que sana rendición de cuentas y capitulación, por que los puños no hacen daño al viento, los gases evaden y esfuman los newtons de fuerza lanzados a una cruel intemperie.
Aquel centro médico, un hospital para almas enfermas, incurables, patologías absurdas terminales, intentos casi que vanos para asegurar en medio del basurero la comodidad antes de la liberadora muerte, ya que aunque todos quieran ir al cielo, todos temen morir...
La maestría de los fantasmas del pasado repetido, dormir bajo una lluvia de estrellas y ahora un horizonte no nublado mas que con un cigarro que rápido se consume en mis labios y con la misma celeridad un texto anunciante, agonizante que termina en un suspiro de vacuidad.
Sunday, April 28, 2013
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