Monday, March 21, 2011

Escrito en dos días...

Como desde acá mismo, al amanecer a un día sin deseo y sin esperanza, a la pura espera de la total destrucción y el latente estado de desasosiego que clama por su libertad y la cárcel del alma consigo en ese estado casi letárgico donde nada pasa, sencillas palabras.

Su ausencia, pues mientras la lluvia hace de las suyas en la salud de las calles y de los entes animales "racionales" que deambulan con rumbo físico fijo, con rumbo espiritual incierto al vacío eterno de la misma existencia y así tal cual, el sinsentido de la vida tal como pocos la conocemos y muchos la vivimos, y he ahí la ironía, de sentir y que los más no sepan el significado de lo que su cuerpo y alma dictan al toparse con el teatro de lo absurdo.

Su tácita falta y poca visibilidad, pues las nubes, tan grises como siempre lo ocultarán mientras se manifieste a los desiertos de poca densidad de seres vivos, y así, sin ganas de destruir nuestro ya destruido hábitat, nos hemos conformado con estar malditos, algunos por nacimiento, algunos por necesidad, los últimos engañados por mentes perversas (eludiendo el hecho de que la mente humana es malvada per se), llevados a un ambiente ajeno al sueño pintado plagado de grises y oscuridad, donde aquel que no se manifiesta poco a poco muere en los pensamientos de quienes respiran ese aire lleno de smog y decepción.

A pocos se puede apreciar, a muchos se puede despreciar y engañar, y mientras los ojos catatónicos de unos se han cerrado a la visión de los sueños que nunca se van a cumplir, a la utopía de no existir, otros ojos de primitivos caninos ocultos a la vista de todos se abren...

Ahora , la noche, es Sábado y se supone que la ciudad es lo más caótica posible sin ayuda de detonantes mas que la necesidad de los más de expresar su animal ser, se ve calmada, sola, con falta de su naturaleza específica, característica agonizante, de ruido incesante, de lamento constante.

Los sonidos de la oscura música salen de los grande audífonos que he puesto sobre mis oídos, oscuros apocalípticos, de desesperación, desasosiego, solo así en el doom metal y otros artistas del dolor en un grito que solo pocos oyen y otros ignoran con desagrado... bendita ignorancia.

A este Harry Haller no le apareció su Armanda y solo el alma de bestia se beneplace de gruñir y aullar a su otra ausencia en una voz que solo el escucha, sus pobres dientes de humano, la añoranza de caninos verdaderos, cortados por la evolución, sus ojos se pierden por un instante en la observación del oscuro cielo, solo son bañados por un poco de ese fluido ocular, más ese exceso que otros llaman lágrimas no existe ya mas que en recuerdos vacíos de sentimientos pasados de últimos momentos antes de la muerte en vida, de darse cuenta que la respiración, comer, y otras cosas meramente biológicas, tangibles, solo mantienen al cuerpo vivo, que no hay necesidad alguna de estar vivo para caminar en dos piernas...

La atmósfera no es tan densa, tal vez a pesar del recurrente y redundante smog, la altura sobre el nivel del mar (ese mar, el único sitio plácido que existe sobre la tierra, aclarando que , cuando no hay tsunamis), hace que el aire, más difícil de conseguir entre con más fluidez a la nariz, otra ráfaga de silencio, de Ataraxia incompleta pues solo siento la música y las sensaciones múltiples físicas, el ligero aire, el entumecido trasero en la silla de un bus, el lapicero entre 4 dedos escribiendo , los ojos cansados, los pies en las medias en los zapatos, sobre el suelo que se mueve, la boca seca, la tos, las mejillas que se calientan por el aflujo de sangre que se acumula tímidamente en ellas.

La noche no está tan fría, ni tan oscura, ni tan en general, noche, despreciable, lo que la hace menos atractiva e interesante, una noche aburrida donde nada pasa, hasta el tiempo procura tomarse un suave descanso en lo que se suele llamar devenir aunque este incluya en su ir y venir, en su flujo de eternidad, en la caída al abismo infinito y la redundancia redundante que es vivir.

Ausentes... Sol y Luna...